De acuerdo con Castillo S. y Cabrerizo J. (2005), el proceso diagnóstico tiene como finalidad descubrir, describir y, en su caso, explicar el comportamiento de una persona estudiando todos los factores intervinientes (personales, interactivos, contextuales). El diagnóstico de aula constituye, entre docente y alumnos, una acción fundamental de proximidad que implica el descubrimiento de aspectos cognoscitivos, actitudinales y aptitudinales del grupo y de cada uno de los estudiantes. Una aproximación sobre la que el docente habrá de fundamentar la ejecución del proceso de enseñanza – aprendizaje.
Este sustento nos permite conocer las
diferencias en los estilos de aprendizaje, las capacidades, las habilidades de
cada estudiante y la diversidad socio-cultural de donde provienen y posibilita
el progreso del máximo potencial de cada uno de los educandos. Trabajar
fijando nuestro hacer en el diagnóstico educativo es la forma profesional de
mejorar los procesos y esfuerzos. Personalizando las actividades y estrategias
en función de las necesidades y centrando el análisis en el progreso de cada
alumno y en la apreciación de sus logros. De ahí la importancia de haber
realizado este diagnóstico que nos proporcionó información suficiente de las características
de cada alumno para realizar las adaptaciones y ajustes necesarios y poder desarrollar de manera adecuada el proyecto de aula "Viajando Ando".
Álvarez, J. (2001). Evaluar para
conocer, examinar para excluir. Madrid: Ediciones Morata.
Buisán y Marín (2001), Cómo realizar un Diagnóstico Pedagógico. México: Alfa Omega.

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